Un poco de sensatez y equilibrio

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Es probable que aquí en Colombia aún se nos dificulte dimensionar lo que representa Shakira como cantante global y fenómeno de masas. Esa jovencita barranquillera que con sus canciones, su voz y su movimiento de cadera llena escenarios en Francia, Alemania, España o Estados Unidos y que tiene 19 millones y medio de seguidores en su cuenta de Twitter.

Shakira Isabel Mubarak Ripoll un fenómeno musical tan grande que ha vendido 70 millones de discos en el mundo, sus videos en YouTube han sido vistos mil millones de veces y en sus dos más recientes giras mundiales logró la asistencia de más de dos millones de espectadores a sus conciertos.

Y si a ese megapersonaje, se le suma su relación afectiva con Gerard Piqué, uno de los más emblemáticos jugadores del Barcelona, el mejor equipo de fútbol en la última década, y además titular de la Selección Española, campeona del mundo, se entiende la fascinación que genera la pareja.

Desde el Mundial de Fútbol de Suráfrica 2010 y a raíz de la ruptura sentimental  de Shakira con el argentino Antonio de la Rúa, se empezó a rumorar el noviazgo de la colombiana con el futbolista catalán, que se oficializó hace dos años y que tuvo esta semana su punto más alto con el nacimiento de su primer hijo, que se llamará Milan Piqué Mubarak. Bienvenido y muchas bendiciones para él y su familia.

Hasta ahí. Pero todo tiene un límite. Es tal la frivolidad y la falta de tema de la mayoría de medios informativos que durante las últimas semanas nos han tenido bombardeados con todo tipo de informaciones y especulaciones sobre el día y la hora del alumbramiento, la cesárea, las condiciones contractuales del equipo médico, la genealogía del recién nacido y hasta las apresuradas e infortunadas declaraciones de los abuelos colombianos, quienes según la prensa internacional “esperan que el niño se parezca al padre, Gerard Piqué”, como si fuera una deshonra el parecido con la madre.

Como en Colombia carecemos de monarquía y de realeza, estamos viviendo, en carne de Shakira, como funciona la artillería de la denominada en España como prensa rosa o prensa del corazón.

Lo que deja un mal sabor es que mientras todas las cámaras y luces se enfocan en el pequeño vástago colombo-español, las cifras de Medicina Legal hablan de la muerte violenta y accidental de 105 niños, niñas y jóvenes en Colombia, durante los primeros 23 días de enero de 2013. Un doloroso promedio de 4,5 menores de edad muertos por cada día transcurrido del nuevo año.

Los abusos sexuales, los asesinatos, el envenenamiento, las balas perdidas y los accidentes domésticos se han llevado más de un centenar de vidas de niños, niñas y jóvenes en nuestro país, en las primeras tres semanas de enero. Ojalá esas muertes tuvieran el mismo despliegue mediático y en redes sociales. Aunque las víctimas carezcan de apellidos rimbombantes.

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