Ser o no ser, esa es la cuestión

Ser o no ser, esa es la cuestión

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Aunque parezca reciente, vale la pena recordar que desde los primeros años de nuestra nacionalidad, los colombianos hemos estado divididos. Primero fue entre santanderistas y bolivarianos; más adelante, entre centralistas y federalistas, luego, entre liberales y conservadores. Por aquellos fenómenos del marketing político y de la indefinición progresiva de las diferencias y principios ideológicos, en los últimos años, lo que termina primando en una elección, más que votar a favor de alguien es votar en contra de. Así fue como, luego del proceso 8.000, los colombianos eligieron a Andrés Pastrana, para evitar que Horacio Serpa, el escudero de Ernesto Samper, llegara a la Casa de Nariño. Cuatro años después, para castigar a las FARC, por la burla con la zona de distensión, se eligió al candidato que ofreció mano fuerte contra la guerrilla: Alvaro Uribe Vélez. En 2010, el fenómeno político mediático y gaseoso denominado La Ola Verde, estimuló a miles de colombianos a votar por el ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus, para frenar “el continuismo uribista”, representado por el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos. A pesar de la efervescencia y las encuestas, en ese caso concreto, ganó el voto a favor. En las últimas semanas, la influencia mediática y las redes sociales parecieran enfatizar una supuesta disyuntiva en que nos encontramos los colombianos: escoger, como si estuviéramos en un supermercado, entre la marca Santos o la marca Uribe. La primera, representa la Unidad Nacional, las buenas relaciones exteriores, la estabilidad económica y la prudencia – que algunos llamarían hipocresía- pero también, la dificultad para comunicar la gestión pública y conectarse con los ciudadanos. Uribe representa la seguridad, el carisma personal y la política ejercida con odio visceral; además carga con los fantasmas de altos funcionarios y congresistas amigos, vinculados con la parapolítica, las chuzadas del Das, los subsidios de Agro Ingreso Seguro y los carruseles de la contratación y la corrupción en la Dirección Nacional de Estupefacientes; la salud, la Dian, Caprecom, entre los más recordados. Aunque el senador del partido de La U en Risaralda, Carlos Enrique Soto asegura que él no es santista ni uribista, sino colombiano, la verdad es que trata de mantenerse en una muy curiosa cuerda floja de indefinición, por los compromisos burocráticos y favores personales que les debe a los dos dirigentes. Pero, para los demás ciudadanos, aquellos que no acumulamos hojas de vida, ni ofrecemos trabajos por dos meses, ni vendemos boletas a los empleados públicos, ni escogemos a dedo a los contratistas, las opciones políticas deben ser más diversas. Caer en el juego del uribismo o el santismo, es eliminar la democracia y cerrar los espacios.. Evitemos caer en la polarización. De lo contrario, al paso que vamos, terminaremos votando contra Uribe o contra Santos. Y el país, necesita mucho más. ruizromeroja.blogspot.com
]]>

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *