Pereira paradise

Pereira paradise

Por Juan Antonio Ruiz Romero A su regreso del Foro Mundial Urbano, cumplido en Nápoles, Italia, el alcalde de Pereira Enrique Vásquez llegó contento, con una gran sonrisa y realmente convencido, después de visitar el Primer mundo, que “Pereira es un paraíso”. Puede tener razón, en parte, nuestro mandatario. La ubicación geográfica, el clima- a pesar de las abundantes virosis asociadas a los cambios abruptos de temperatura-,  la hospitalidad y calidez de la gente, la belleza paisajística de nuestro entorno y algunos procesos de planificación de ciudad son parte de los argumentos con los cuales “hemos vendido la marca de ciudad”. Sin embargo, creo que la optimista visión del alcalde Vásquez, además de subjetiva es incompleta. Recordemos lo que dijo: “Nápoles tiene problemas de aseo, de ocupación de espacio público, de vivienda, de alto consumo de cigarrillo y aunque no quiero  hablar de la ciudad, para mí es un modelo para no imitar”. “La basura es impresionante allá…y el  consumo de cigarrillo es mucho, en los  terminales de trenes había caminos llenos de colillas, fue impresionante”. Y ya que el burgomaestre pereirano propone las comparaciones, veamos cuáles son las principales coincidencias y las diferencias más notorias con la ciudad italiana. Por ejemplo, la bandera napolitana tiene los mismos colores amarillo y rojo que la nuestra. El centro histórico de Nápoles fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco; similar a lo que ocurre con el Paisaje Cultural cafetero, del que hace parte Pereira. Napoles se encuentra ubicada en una zona de alto riesgo sísmico y volcánico y ha sido destruida por numerosos terremotos y por los 181 bombardeos que sufrió durante la II Guerra Mundial. Pereira, como todo el Eje cafetero, es zona de alta sismicidad y nuestras calles, hasta hace algunos días, parecían víctimas de un bombardeo, pero era solo, falta de mantenimiento vial. Y por último, Nápoles y Pereira viven de una “economía subterránea”, mucho más significativa que la economía formal. Sin embargo, Pereira es un paraíso. Para que sea una Ciudad bella, limpia y ordenada, mandamos a recoger a los habitantes de la calle que la afean. Aunque son más de mil indigentes, la mayoría habituales consumidores de sustancias tóxicas y el municipio carece de albergues para atender ese volumen de población, la estrategia está clara: “vamos a cansarlos con los operativos”, “vamos a “sensibilizarlos” para que se vayan a sus sitios de origen” y, a los demás, vamos a esconderlos en un albergue, donde, sin resolver sus problemas, brindaremos a los demás ciudadanos la impresión de que los andenes y parques “están limpios”. El abogado Edgar Augusto Arana considera la medida inconstitucional y asegura que “la pobreza, la indigencia y la drogadicción no se pueden sacar de las calles por decreto”. El sacerdote Benicio Enrique Montes, quien lleva más de 20 años trabajando con población vulnerable, considera que es riesgoso “criminalizar a los habitantes de la calle” y reconoció que “para muchas personas esa es una opción de vida.” La histórica Pereira sin puertas, hoy las cierra para sus habitantes más pobres y olvidados. Bienvenidos al paraíso. ]]>

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