Un nuevo papa pero las mismas doctrinas en la Iglesia Católica

Archivo El Espectador[/caption]

La renuncia del Papa Benedicto XVI coloca a la institución más antigua del mundo, la iglesia Católica, frente a una histórica coyuntura: la de la renovación. ¿Deberían los sacerdotes casarse?, ¿podrán las mujeres ejercer el sacerdocio? o ¿cuál debe ser el castigo para los curas que comenten abusos sexuales?, son algunas de las preguntas que resurgen en la mente de muchos fieles y de los menos apegados a las reglas católicas, aquellos que aguardan por un papa más progresista.

Para el profesor del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Miami, David Kling, la llegada de un nuevo papa está muy lejos de cambiar las doctrinas de la Iglesia. Aunque reconoce que es importante que el sucesor de Benedicto XVI esté preparado para enfrentarse a los retos del siglo XXI, el Vaticano difícilmente se separará de las políticas que ha venido defendiendo por años.

Kling dice que el nuevo papa deberá tener como prioridad aumentar las vocaciones sacerdotales en América. Principalmente en Latinoamérica donde se vive un crecimiento acelerado del protestantismo, especialmente en la conversión de personas a la religión Pentecostal, a pesar de que los católicos siguen siendo mayoría.

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