Livianitos, livianitos…

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Aunque salieron a cantar victoria y a decir que gracias a su gestión, la Calle de la Fundación quedará de cinco metros de calzada y con capacidad para dos automóviles, la verdad es que la intervención del Comité Intergremial de Risaralda frente al proyecto fue pura alharaca.

Con habilidad y convicción, el alcalde Enrique Vásquez les desmontó a los gremios las preocupaciones que los acompañaban desde el momento en que se divulgó el proyecto ganador para la intervención en la Calle 19, desde el Parque Olaya Herrera hasta la carrera sexta.

La mayor angustia de los comerciantes y del sector privado representado en el Comité, era que les fueran a peatonalizar o semipeatonalizar una calle que, como la 19, es un conector importante para el acceso vehicular hacia el centro de la ciudad.

El problema es que esa angustia también refleja una idea bastante generalizada entre algunos sectores, según la cual, la ciudad debe darle prelación a los propietarios de automotores, que son alrededor del 10 por ciento de los ciudadanos, frente al 80% que se movilizan en el transporte público, en moto o caminando.

Recordemos que desde cuando se formuló el primer Plan de Ordenamiento Territorial de Pereira, en mayo de 2000, se dio prelación al peatón sobre el automotor, por lo menos en el centro tradicional de la ciudad:

Se deben rehabilitar los espacios públicos sobre las grandes vías y avenidas, privilegiando el uso por parte del peatón y el aumento de la calidad ambiental, controlando tipos y densidades de uso, bahías de estacionamiento y eliminación de obstáculos para la libre circulación” (De los criterios generales para el Sistema de Espacios Públicos, POT Pereira, 2000)

Otro elemento que generó incomodidad por parte de los gremios, fue el hecho de que, con la ampliación del andén occidental de la Calle de la Fundación, los únicos beneficiados serían los vendedores informales, que tendrían más espacio para ofrecer sus artículos. Incluso, en la primera reunión del Comité, se escuchó la frase destemplada de un osado empresario, según la cual, si se amplían los andenes es para que se llenen de “prostitutas, travestis y vendedores ambulantes”.

La permisividad y falta de control por parte de las autoridades es el mejor argumento para los críticos. Sin embargo, el alcalde se comprometió a aplicar, con rigor, el Plan Maestro de Espacio Público. Y los gremios aceptaron, aunque nadie conoce el Plan y con los antecedentes es difícil pensar en positivo.

En resumen, la alharaca que generó el Comité Intergremial se disolvió por falta de quórum y demostró, una vez más, lo livianitos que son los voceros del sector privado frente a una administración municipal, que sigue siendo una de las principales fuentes de contratación para los distintos segmentos de la población.

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