¿Y quién vigila a las ligas?

¿Y quién vigila a las ligas?     

Por Juan Antonio Ruiz Romero Este año que termina ha sido pródigo en noticias alrededor del deporte colombiano: La más destacada actuación de nuestros deportistas en los Juegos Olímpicos; la mejor cosecha de medallas de Risaralda en Juegos Nacionales y Paranacionales; el brillante desempeño de jóvenes del departamento, en torneos nacionales e internacionales, en disciplinas como judo, bolos, tiro con arco, actividades subacuáticas y levantamiento de pesas. Las exigencias de marcas mínimas a los atletas para asistir a un certamen mundial, los programas de Deportista Apoyado, los fogueos internacionales, la voluntad política de los gobiernos y el patrocinio de la empresa privada, son, entre otros, factores significativos en el momento de los balances. Sin embargo, vale la pena revisar qué está sucediendo en los niveles iniciales de la práctica deportiva, tanto recreativa como competitiva. Me refiero a los clubes deportivos y ligas, en donde hay tantos esfuerzos meritorios, pero a donde también han llegado muchos oportunistas, buscando beneficios personales y económicos. Desde hace varios años, hay quejas sobre los esfuerzos que deben efectuar los padres de familia, sobre todo los de deportistas de alto nivel, para lograr que las entidades del estado financien la participación en diferentes certámenes. Recordemos que las ligas, aunque quieran hacerlas aparecer como entidades privadas, en la medida en que manejan dineros públicos, entregados por entidades del Estado, son sujetas a vigilancia de quien transfiere el recurso -sobre su acertada ejecución-e incluso de las mismas contralorías. Hay casos concretos, como los sucedidos con la Liga Risaraldense de Tiro con Arco, en donde los padres de familia tuvieron que darle golpe de estado a los directivos de la liga, que manejaban a su antojo los recursos y en donde, los deportistas estaban relegados a un segundo plano. Con el voleibol pasó algo similar. El papá de uno de los jugadores tuvo que pagar con su tarjeta de crédito, en Buenos Aires, Argentina, el alojamiento y alimentación de los deportistas, porque la Liga Risaraldense desatendió ese compromiso. Ahora, sucede lo mismo. La Liga de Actividades Subacuáticas se niega a pagarle al doble medallista de oro Juan Sebastián Aguirre, los recursos a que tiene derecho como Deportista Apoyado de la Gobernación de Risaralda, con la excusa de que su entrenador es uno diferente al oficial. Con todo respeto, aquí lo que importa, más que el nombre del entrenador, es el resultado del proceso deportivo: las medallas, las marcas nacionales y la convocatoria del deportista a la Selección Colombia. Si así tratamos a un deportista de alto nivel, si lo que priman son las mezquindades, los intereses personales y el clientelismo, el mensaje que les estamos mandando a él y a todos los demás es claro: -Váyanse a competir con las ligas de Antioquia, Valle o Fuerzas Armadas, porque aquí nos quedó grande tratarlos como se merecen.  ]]>