Mientras unos se recrean

Mientras unos se recrean… Por Juan Antonio Ruiz Romero En medio de la jornada electoral en la cual el presidente Barack Obama logró su reelección, en los estados de Colorado y Washington se aprobó, en consultas populares, el consumo recreativo de marihuana. Es una medida sin antecedentes en el país del Norte, en donde California, otros quince Estados y el Distrito Capital habían legalizado el uso de la marihuana, pero con fines medicinales. La propuesta, que fue aprobada, con un 55% a favor y un 45% en contra, indicaba que al legalizar el consumo de la marihuana, el estado quitará a las pandillas y a “los carteles de las drogas” la posibilidad de enriquecerse con el tráfico y venta del alucinógeno, y aportaría recursos al estado por impuestos de venta. Vale la pena recordar que, en la actualidad, Uruguay es el primer país latinoamericano que tramita ante el Congreso un proyecto de ley por medio del cual el estado se encargará de la producción y comercialización de la marihuana. El director de la Junta Nacional de Droga de ese país, Julio Calzada, dijo que “Hoy la marihuana que se consume proveniente del mercado negro es un tipo de producto que viene mezclado con sustancias que no son necesariamente marihuana, como hojas, tallos y demás. Lo que el Estado va a proveer es una sustancia de una calidad superior a ésta» y anunció que el precio promedio es similar al del mercado negro y en donde cada consumidor tendrá una tarjeta personal, con código de barras, para poder acceder mensualmente a 40 gramos, que serán el consumo personal permitido. Mientras en el vecindario, al norte y al sur, se adoptan ese tipo de medidas, que reconocen las realidades específicas y proponen opciones, tal vez acertadas, tal vez equivocadas, pero opciones al fin y al cabo, en Colombia hay una confusión total. Mientras la Corte Constitucional en una controvertida sentencia autorizó el consumo de la dosis personal de marihuana, considerada una decisión autónoma del individuo y asociada a sus derechos inalienables y al libre desarrollo de su personalidad; hemos perdido décadas en una especie de juego del “gato y el ratón” entre la policía y los expendedores, que se las arreglan para mantener cantidades mínimas de la droga, que impidan su judicialización. Una ley reciente, promovida por el senador Juan Manuel Galán, reconoció la adicción a las drogas como una enfermedad, que debe ser atendida por los servicios de salud y separó a los productores y comercializadores de los consumidores. Expresidentes de América Latina como César Gaviria, Fernando Enrique Cardoso y Ernesto Zedillo y el exsecretario de Naciones Unidas Kofi Annan pidieron descriminalizar el uso de las drogas y  propusieron “experimentar con modelos legales de regulación de drogas (especialmente para el caso de la marihuana) con el objetivo de diezmar el poder de las organizaciones criminales y que se debe traducir en mejores condiciones de seguridad en los países”. Y agregan la Comisión Política Global de drogas que se debe trabajar en “un modelo de prevención que no se limite a campañas de «cero tolerancia» o decir «no a la droga» -pues los considera simplistas- y sugiere enfocarse más en grupos de alto riesgo con estrategias basadas en información creíble”. Es el momento de abrir el debate. O en este caso, de encender la discusión. ¿O cuántos muertos más tendremos que esperar, antes de buscar salidas a un problema viejo, que se nos salió de control?]]>