La joven sesquicentenaria

La joven sesquicentenaria    

 Por: Juan Antonio Ruiz Romero

“Salve al esfuerzo de mis heroicos y buenos hijos que con amor, me dieron nombre, me dieron fama, me hicieron grande, me dan honor.” Himno a Pereira Cuando se habla del gran desarrollo de algunas ciudades, los urbanistas destacan como razones de peso: la historia, la planificación de procesos, la experiencia acumulada y la visión de sus gobernantes. Frente a ciudades que surgieron en la Edad Media, Pereira es apenas una adolescente, tal como lo menciona su Himno: “Y fui creciendo por el influjo de su amorosa solicitud. Hasta forjarme gentil y bella llegada apenas mi juventud”. El gran inconveniente es que “La adolescencia es esencialmente una época de cambios. Es la etapa que marca el proceso de transformación del niño en adulto, es un período de transición que tiene características peculiares. Se llama adolescencia, porque sus protagonistas son jóvenes que aún no son adultos pero que ya no son niños. Es una etapa de descubrimiento de la propia identidad, así como de la de autonomía individual”. Y ahí, en ese momento es que se encuentra nuestra ciudad. Hay decisiones valientes, audaces, como la convocatoria a la Movilización social y a la recuperación de los ríos tutelares,  que son futuristas y piensan en las próximas generaciones; pero, simultáneamente, hay actos de gobierno demasiado elementales y miopes, como tratar de volver a empezar, cuatro años después, un proceso nuevo con los vendedores informales, lo cual es impensable para una ciudad seria. El Sesquicentenario de Pereira, tal como lo ha repetido el ex alcalde Gustavo Orozco Restrepo, más que un punto de llegada tiene que convertirse en el punto de partida para una Ciudad adulta. Una ciudad que se debe construir sobre acuerdos sociales, sobre metas compartidas, sobre una esquiva identidad cultural, que aún nos resistimos a entender. ¿Somos la ciudad del desamor? ¿Esa que se regodea con la tusa y el despecho? ¿Somos o fuimos la Ciudad Cívica de Colombia? ¿Qué tanto nos queda en la sangre de esas gestas que marcaron la ciudad del siglo XX? ¿Será que la influencia del narcotráfico y del dinero fácil detonaron un “sálvese quien pueda”, en dónde cada quien piensa en si mismo y se olvida de su ciudad? Será posible enamorarnos de Pereira, cuando hay días en que nos llena de orgullo y satisfacción y en otras, nos parece, tan limitada, tan pobre, tan de bajo vuelo? Sin duda, Pereira es una Ciudad Adolescente: soñadora, dubitativa, inquieta, contradictoria.  La que en un párrafo poco conocido del Himno a todos nos convoca: “Y de mi brazo para este viaje, acepto a todos aquellos que, como mis hijos pregonen siempre paz y trabajo, constancia y fe.”

 ruizromeroja.blogspot.com

 ]]>